sábado, 4 de abril de 2020

EL MISTERIO DEL PAPEL HIGIÉNICO




Desde el momento en el que se estableció que para frenar el contagio del coronavirus teníamos que estar sin salir de casa, muchos son los que se han preguntado qué extraña razón ha llevado a la población a comprar de manera desenfrenada papel higiénico. Mascarillas, guantes, paracetamol, gel limpiador, desinfectantes, parece lógico, pero ¿papel higiénico?
De manera jocosa hay quien elucubra que las consecuencias del covid no son solo físicas y  que debe afectar al funcionamiento del cerebro porque parecía que la gente se estaba volviendo loca. Los hay que han aprovechado para lanzar juegos de entretenimiento donde las riquezas no son monedas sino rollos.
Y desde luego tal enigma nos ha sorprendido a todos pero ¿hay alguna lógica detrás de este aparente sinsentido?  Los psicólogos no hemos tardado en pronunciarnos frente a tal evento y aunque son varias las elucubraciones os contamos 3 de ellas, que con probabilidad no son excluyentes sino complementarias:
1)     Efecto Pigmailión, es decir, la tendencia del ser humano a imitar a nuestros semejantes. Primero porque nos sirven de referencia en situaciones de incertidumbre donde no sabemos cómo actuar: si todos hacen algo es que debe estar bien hecho. Solo tenemos que pensar en las tan conocidas reacciones de histeria colectiva: si vemos un grupo de gente corriendo, no preguntamos, corremos aunque no sepamos la razón. Segundo porque nos da sentido de pertenencia al grupo cuando compartimos intereses comunes: política, aficciones, religión y en este caso: torres de papel higiénico. Y tercero: porque avanzamos imitando, esto es, lo que se ha llamado aprendizaje vicario. Cuando llegamos al mundo todas las habilidades que adquirimos (andar, comer, hablar) las desarrollamos observando a nuestros referentes y esa impronta nos acompaña desde el principio de nuestros días.
2)     La llamada visual: gran parte de la información que recibimos la procesamos por nuestro sentido de la vista que orienta nuestras preferencias, necesidades y gustos. Basta con atender a cualquier anuncio publicitario donde la presentación visual del producto es donde se juega gran parte del éxito de la venta. Y lo que ocurre con el papel higiénico es que es de los productos con más tamaño del supermercado. Si falta arroz en un estante puede pasar desapercibido, pero si no queda papel, tardamos poco en darnos cuenta. Y pensar que nos podemos quedar sin algo, nos haga falta o no, dispara nuestro deseo de tenerlo.
3)     Alude a lo más primitivo de nuestro confort. Nadie quiere ver afectada su calidad de vida y mucho menos su dignidad. Y el uso que le damos al papel va directo a la parte más íntima, tanto en lo simbólico como en lo literal. Hay productos más fácilmente sustituibles con los que no aparece el sentimiento de carencia de la misma forma: si nos falta pasta compramos fideos, si no hay naranjas compramos manzanas, a falta de magdalenas, buenas son las rosquillas.
Hasta ahora nadie había reparado en el valor de tan insignificante elemento en nuestras vidas, que ha pasado a convertirse en el producto estrella del encierro. Y es que el confinamiento está moviendo los pilares fundamentales de referencia, siempre en constante revisión, sobre los que seguiremos reflexionando.
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